La sombra en su propia oscuridad

 


Pareció como si hubiera pasado mucho tiempo antes de que la sombra hiciera algo. Luce casi sintió como si estuviera jugando con la vieja tabla de la Ouija que había tenido cuando era pequeña. Con una inexplicable energía en las puntas de sus dedos. La ligera sensación, del continuo movimiento antes de que pudiera ver cualquier diferencia en la forma del Anunciador.
Después hubo un fuerte viento. La sombra se fue contrayendo, doblándose lentamente en su propia oscuridad. Luego, toda la cosa había tomado el tamaño y la forma de una larga caja. Que se cernía por encima de su alcance.
—¿Ves eso? —jadeó Shelby. Su voz era casi inaudible sobre el sonido del fuerte viento de la sombra—. Mira, ahí en medio.
Así como había pasado en clase, un oscuro velo parecía despegarse del Anunciador, revelando impactantes ráfagas de color. Luce cubrió sus ojos, viendo cómo la brillante luz parecía regresar dentro de la pantalla de la sombra, en una imagen confusa fuera de foco. Luego, finalmente, terminó en formas distintas de colores apagados. Ellas estaban viendo una sala. La parte trasera de un sillón a cuadros azul con el reposapiés levantado y un botón de la esquina deshilachado. Una vieja televisión con paneles de madera mostraba al aire una repetición de Mork y Mindy con el volumen apagado. Un gordo terrier Jack Russel se acurrucó en un mosaico de la alfombra.




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EL PASADO DE LUCE Y DANIEL: TORMENTO

 

¿Podía alguien dar a cada uno una mayor igualdad de condiciones?


Cuando Daniel le dio un beso, Luce conoció en sus huesos que él era su pasado. Atrapada en su abrazo, ella estaba desesperada porque se quedara en su presente. Pero, al segundo que sus labios se separaron, no podía estar segura de que fuera su futuro. Necesitaba la libertad de tomar esa decisión, de una manera u otra.
Ella ni siquiera sabía qué más había por ahí.
—Miles —llamó Steven. Estaba totalmente en el modo de maestro, blandiendo su espada en un estuche de cuero negro estrecho y asintiendo con la cabeza a la esquina noroeste de la cubierta—. Vas a ser pareja con Roland aquí.
A su izquierda, Miles se inclinó para susurrarle: —Tú y Roland se conocen... ¿cuál es su talón de Aquiles? Yo no voy a perder con el chico nuevo.
—Um... yo realmente no... —La mente de Luce quedó en blanco. Mirando por encima a Roland, cuya máscara ya cubría su rostro, se dio cuenta de lo poco que realmente sabía acerca de él. Aparte de su catálogo de productos en el mercado negro. Y su forma de tocar la armónica. Y la forma en que había hecho reír tanto a Daniel el primer día en Espada y la Cruz. Ella aún no había encontrado de lo que habían estado hablando... o lo que Roland estaba haciendo en Shoreline, de todos modos.





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La multitud Oscura de Desterrados: TORMENTA


—Daniel —Cam le interrumpió—. Lo único que importa ahora es luchar.
Un pesado golpeteo dio un vuelco a través de la casa. Cam y Daniel se movieron instintivamente hacia la parte delantera, rumbo a la puerta, pero Luce negó con la cabeza. —La puerta de atrás —susurró—. A través de la cocina.
Todos ellos se detuvieron un momento y escucharon el crujido de la puerta trasera. Luego vino un largo y penetrante grito.
—¡Callie! —Luce echó a correr por la sala, temblando al imaginar el escenario al que se enfrentaba su mejor amiga. Si Luce hubiera sabido que los desterrados se presentarían, no habría dejado venir a Callie. Ella nunca debería haber venido a casa en lo absoluto. Si algo malo le pasaba, Luce nunca se perdonaría.
Atravesando la puerta de la cocina de sus padres, Luce vio a Callie, escudada tras Gabbe en el estrecho marco. Ella estaba a salvo, al menos por ahora. Luce suspiró, casi colapsando de espaldas en la pared muscular que Daniel, Cam, Miles, y Roland habían formado detrás de ella.
Arriane estaba en la puerta, con un martillo de carnicero gigante levantado en sus manos. Ella parecía a punto de golpear a alguien que Luce no podía ver todavía.
—Buenas noches —dijo la voz de un chico, rígida con la formalidad.
Cuando Arriane bajó el martillo de carnicero, allí en la puerta había un muchacho alto y delgado atrincherado en un abrigo café. Estaba muy pálido, con un rostro estrecho y una nariz fuerte. Él resultaba familiar. Tenía el pelo teñido de rubio. Ojos blancos.
Un Desterrado.
Pero Luce lo había visto en otro lugar antes.
—¿Phil? —Gritó Shelby—. ¿Qué diablos estás haciendo aquí? ¿Y qué pasó con tus ojos? Están todos…
Daniel volvió sobre Shelby. —¿Sabes que él es un Desterrado?


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—¿Desterrado? —La voz de Shelby tembló—. Él no es uno… él es mi penosamente idiota ex novio.
—Ha estado usándote —dijo Roland, como si supiera algo que el resto de ellos no sabía—. Debería haberlo sabido. En caso de haberlo reconocido por lo que era.
—Pero no lo hiciste — dijo el desterrado, su voz extrañamente tranquila. Metió la mano dentro de su abrigo, y de un bolsillo interior sacó un arco de plata. De su otro bolsillo vino una flecha de plata, que él golpeó rápidamente. Señalando a Roland, a continuación recorrió la multitud, buscando en cada uno de ellos—. Por favor, perdonen mi interrupción. He venido a buscar a Lucinda.
Daniel dio un paso hacia el desterrado. —No vas a buscar a nadie ni a nada —dijo—, con excepción de una muerte rápida, a menos que salgas ahora mismo.
—Perdón, pero no, no puedo hacer eso —respondió el chico, con los musculosos brazos sin soltar la tensa flecha de plata—. Hemos tenido tiempo para prepararnos para esta noche de la restitución bendecida. No vamos a irnos con las manos vacías.
—¿Cómo pudiste, Phil? —gimió Shelby, volviéndose a Luce—. Yo no sabía... honestamente, Luce, no lo sabía. Sólo pensé que era un desgraciado.
Los labios del chico se acurrucaron en una sonrisa. Sus ojos horribles, sin fondo, eran directamente de una pesadilla. —Me la dan sin una pelea, o ninguno de ustedes va a ser salvado.
Luego Cam estalló en una carcajada larga, riendo profundamente. Sacudió la cocina e hizo que el muchacho en la puerta se contrajera, incómodo.
—¿Tú y cuál ejército? —Dijo Cam—. Sabes, creo que eres el primer desterrado con sentido del humor que he conocido. —Él miró alrededor de la cocina—. ¿Por qué no lo haces y aprovecho para sacarte fuera? Acaba de una vez, ¿de acuerdo?
—Con mucho gusto —respondió el chico, con una sonrisa plana en sus labios pálidos.
Cam puso los hombros hacia atrás, como si estuviera trabajando en un nudo, y allí, justo en sus hombros, un enorme par de alas de oro atravesó su suéter gris de cachemira. Ellas se desplegaron detrás de él, ocupando la mayor parte de la cocina. Las alas de Cam eran tan brillantes que casi te dejaban ciego.
—¡Santo infierno! —Callie susurró, parpadeando.
—Más o menos —dijo Arriane mientras Cam arqueaba sus alas hacia atrás y chocaba más allá del chico marginado, atravesando la puerta y saliendo al patio trasero—. Luce te lo explicará, ¡estoy segura!
Las alas de Roland se desplegaron con un sonido como el de una parvada de aves tomando vuelo. La luz de la lámpara en la cocina destacó su oro oscuro y negro jaspeado cuando salió por la puerta detrás de Cam. Molly y Arriane fueron detrás de él, empalmándose la una en la otra, mientras las iridiscentes alas de Arriane 


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Molly, devolviendo lo que se parecía un poco a las chispas eléctricas empujando hacia la puerta. A continuación fue Gabbe, cuyas suaves alas blancas se difuminaban abiertas con la gracia de una mariposa, pero con tal velocidad que enviaba una ráfaga de viento con olor a flores a través de la cocina.
Daniel tomó las manos de Luce en las suyas. Cerró los ojos, inhalando, y dejó que se desplegaran sus enormes alas blancas. Completamente extendidas, habrían llenado toda la cocina, pero Daniel las contrajo, junto a su cuerpo, que brillaba y brillaba y parecía por completo demasiado hermoso. Luce extendió la mano y las tocó con ambas manos. Cálido satén liso en el exterior, pero por dentro, lleno de energía. Ella podía sentir que corría a través de Daniel, en su interior. Se sentía tan cerca de él, entendiéndolo por completo. Como si se hubieran convertido en uno.
La sueva voz de él pareció hablar en su mente: “No te preocupes. Todo va a estar bien. Siempre voy a cuidar de ti”. Pero lo que dijo en voz alta fue: —Mantente a salvo. Quédate aquí.
—No —declaró ella—. Daniel…
—Yo volveré. —Luego arqueó sus alas hacia atrás y voló hacia la puerta.
A solas en el interior, los no ángeles estaban reunidos. Miles estaba presionado contra la puerta de atrás, por la ventana abierta. Shelby tenía la cabeza entre las manos. La cara de Callie se veía tan blanca como si estuviera congelada.
Luce deslizó una mano en Callie. —Creo que tengo algunas cosas que explicar.
—¿Quién es ese chico con el arco y la flecha? —Callie susurró, inmutándose pero cuidando mucho de la mano de Luce—. ¿Quién eres tú?
—¿Yo? Yo sólo soy... yo. —Luce se encogió de hombros, sintiendo un escalofrío propagándose a través de ella—. No lo sé.
—Luce —dijo Shelby, claramente tratando de no llorar—. Me siento como una tonta. Te juro que no tenía ni idea. Las cosas que le dije, yo estaba ventilándolo. Siempre estaba preguntando por ti, y él era un buen oyente, pero lo que yo... quiero decir, es que no tenía ni idea de lo que era en realidad... yo nunca, nunca…
—Te creo —dijo Luce. Se trasladó a la ventana, junto a Miles, que daba a la pequeña cubierta de madera que su padre había construido hace unos años—. ¿Qué crees que quiere él?
En el patio, las hojas caídas del roble habían sido rastrilladas y ordenadas en pilas. El aire olía a hoguera. En alguna parte, en la distancia, una sirena estaba sonando. A los pies de tres pasos de la cubierta, Daniel, Cam, Arriane, Roland, y Gabbe estaban uno al lado del otro, frente a la valla.
No, no era la valla, se dio cuenta Luce. Se enfrentaban a una multitud oscura de Desterrados, en posición de firmes con sus flechas de plata destinadas a la fila de los ángeles. El chico desterrado no estaba solo. Había acumulado un ejército.





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La Cena de Acción de Gracias Y El Sotano de Luce !

La casa estaba caliente, porque mucha gente la llenaba. Justo antes de que sus padres desaparecieran por la calle, Luce creyó ver un destello en el exterior.
Algo que parecía un ala.
—¿Viste eso? —dijo, sin estar segura de a quién se estaba dirigiendo.
—¿Qué? —Llamó su padre, volviéndose hacia ella. Se veía tan pleno y feliz que casi rompió el corazón de Luce.
—Nada. —Luce forzó una sonrisa mientras cerraba la puerta. Podía sentir a alguien detrás de ella. Daniel. El calor de él dominó el lugar donde ella se encontraba.
—¿Qué viste? —Su voz era helada, no con ira sino con miedo. Ella lo miró, tratando de alcanzar sus manos, pero se había vuelto hacia otro lado.
—Cam —gritó él—. Consigue tu arco.
Al otro lado de la habitación, la cabeza de Cam se disparó. —¿Ya?
Un sonido zumbando fuera de la casa le hizo callar. Se apartó de la ventana y alcanzó el interior de su chaqueta. Luce vio el destello de plata, y recordó las flechas que había recogido de la chica desterrada.
—Dile a los demás —dijo Daniel antes de pasar frente a Luce. Sus labios entreabiertos y la mirada desesperada de su rostro le hicieron pensar que podía darle un beso, pero lo único que hizo fue decir—: ¿Tienes un sótano para tornados?
—Dime lo que está pasando —dijo Luce. Podía oír el agua corriendo en la cocina, y a Arriane y Gabbe cantando en armonía “Heart and Soul” con Callie, mientras lavaban los platos. Ella podía ver las expresiones asustadizas de Molly y Roland mientras limpiaban la mesa. Y, de repente, Luce sabía que la cena de Acción de Gracias era toda una actuación. Un encubrimiento. Sólo que no sabía para qué.





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LAS ANUNCIADORAS DE LUCINDA

Luce se forzó a si misma a parar y tomar un profundo respito. Ella sabía más acerca de Los Anunciadores de lo que había sabido antes. Ella debería estar menos temerosa ahora. ¿Cuál era su problema? Tal vez sabía que se estaba acercando más a algo, alguna memoria o información que pudiese alterar su vida.
Y su relación con Daniel. La verdad era que ella no sólo esta aterrorizada por los Anunciadores. Ella estaba aterrorizada de lo que podría ver a través de ellos.
O escuchar.




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EL LIBRO PROHIBIDO : TORMENTA SAGA FALLEN


Arriane aplaudió. —¡Y ellos me dijeron que el libro había sido prohibido!

—¿En serio? ¿Estás en un libro? —Luce rió.
—¿Por qué estás tan sorprendida? ¿No me encuentras histórica? —Arriane se volvió hacia Shelby y Miles—. Ahora díganme todo sobre ustedes. Necesito saber con quién ha estado haciendo amigos mi chica.
—Nephilim no practicante, ni creyente. —Shelby levantó su mano.
Miles miraba fijamente su comida. —Y el ineficaz… tátara- tátara- tátara… nieto de enésimo grado de un ángel.
—Eso no es verdad —Luce le dio un golpe al hombro de Miles—. Arriane, debes haber visto cómo nos ayudó a andar a través de la sombra esta noche. Él era estupendo. Eso es por lo que estamos aquí, porque él leyó este libro y lo siguiente ya lo sabes, él podía…
—Sí, me estaba preguntando sobre eso —Arriane dijo sarcásticamente—. Pero me preocupa más esta. —Ella gesticuló hacia Shelby. El rostro de Arriane era mucho más serio de lo que Luce estaba acostumbrada. Incluso sus maníacos y claros ojos azules parecían estables—. No es un buen momento para ser un no-practicante de nada. Todo está en proceso de cambio, pero habrá un ajuste de cuentas. Y tendrás que escoger un lado o el otro.





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El ángel que inclina la balanza es Daniel: TORMENT

Luce y Daniel.... Había sonado loco en el momento... Y aunque Luce pensó no estar exactamente segura de lo que todos estaban hablando, ella sabía que tenía que ver con Daniel regresando por aquí.
—Es Daniel —ella dijo suavemente—. El ángel que puede inclinar la balanza es Daniel.
Eso explicaba la agonía que él llevaba todo el tiempo, como una maleta de dos toneladas. Eso explicaba por qué él había estado lejos de ella tanto tiempo. Lo único que no explicaba era por qué parecía haber algunas preguntas en la mente de Arriane acerca de qué lado de la balanza se inclinaría. Qué lado ganaría la guerra.


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